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ALVARO
ARDAO Y EL ECLECTISISMO POST-CONTEMPORANEO
Entrevista a Álvaro Ardao con motivo de su
Retrospectiva en el Museo San Fernando de Maldonado. Febrero 2006
GRAFFITIS, ÓLEOS Y POESÍA DE ÁLVARO
ARDAO
“Soy como un virus que muta, no tengo
estilo único”
Tras la apacible apariencia de Álvaro
Ardao hay un mundo interior frenético que emerge para transformarse en
trazos y colores.
Cecilia Bonilla,
Estediario-.
Álvaro Ardao se deja llevar por sus intensos impulsos a la hora de pintar.
Ardao afirma que no puede vivir sin la pintura, una expresión que le permite
desprenderse de su interior y traducir su concepto de la vida, en soledad
por elección.
“No continúo ninguna corriente, y contemplo la universalidad en todo su
esplendor”, dice.
Ardao juega intensamente con los colores, y esa paleta define la
peculiaridad de su obra.
Se trata de un artista que recurre al óleo y a la técnica mixta, recursos,
que, sumados al trance de crear y al permanente desafío de las vertientes
estilísticas, son el laboratorio de su creatividad.
Nacido en Montevideo, desde muy pequeño se siente atraído por el dibujo.
Durante sus estudios en secundaria fue impulsado por la profesora María
Freire, quien lo llevó por el camino de los colores y las formas.
Posteriormente ingresó al Círculo de Bellas Artes donde comenzó a recibir el
arte universal incursionando por estéticas, métodos, y legados de los
grandes maestros.
P. ¿Cómo experimenta el acto creativo?
A. Yo vivo en todo momento la pintura, si no pintara no viviría.
P. ¿Es consciente o inconsciente en el momento de pintar?
A. Es consciente, inconsciente y supraconciente, hay cosas que salen. Eso
forma parte de mi vida, o sea arte y vida es lo mismo para mí. No puedo
concebir una sin la otra.
P. ¿Se define como un pintor compulsivo?
A. Si, soy compulsivo y no hago grabados porque considero que es una técnica
lenta.
Experimento la visión, y tengo que transmitirla inmediatamente al papel o a
lo que sea, lo mío es la pintura directa.
P. ¿Cómo es el proceso en sus obras?
A. Ingres decía “si el dibujo está bien, el noventa por ciento del cuadro
está bien”.
Uno delimita el dibujo, lo forma una vez que el croquis está hecho,
sobrevienen las sombras, los colores. Más tarde llega el toque final, las
llamadas, aquello que atrae para darle vida, gris y blanco para atraer la
atención hacia diferentes zonas más cálidas.
P. ¿Quién es a la hora de pintar?
A. Soy como un virus que muta, encuentro como vetas alrededor mío y me
sumerjo en una y en otra porque no tengo un estilo definido. Si uno habla
todos los diferentes idiomas, lo entiende todo el mundo.
Yo estudié muchas técnicas y tradiciones estéticas, entonces las mezclo.
Estoy unos meses pintando una serie parecida y, de repente, cambio porque mi
espíritu me impulsa. Entonces los cuadros quedan como piezas únicas, cada
cuadro tiene continuidad con el otro.
P. ¿Recrea su propio mundo interno en los cuadros?
A. Si, sobrepaso las barreras. Es mi mundo privado que saco al exterior. Es
un mundo muy sensible, personal, con características únicas.
P. ¿Su pintura expresa áreas reprimidas?
A. En realidad, cuando pinto, me pongo un traje cual actor y dejo las
angustias, problemas, alegrías, y pinto profesionalmente. Después vuelvo a
la vida con el cuadro hecho y con una felicidad plena.
P. ¿Cuándo experimentó la necesidad del dibujo?
A. A los cuatro años. Cuando mis padres se levantaban de la siesta les decía
“miren, les trajeron un regalo”, y eran mis dibujos colgados con cinta en la
pared, pero la persona que me descubrió fue mi profesora de inglés.
Yo Dibujaba la figura humana con movimiento y perspectiva a partir de lo que
veía en televisión.
P. Su paleta es alta y se nota que le cuesta bajar, ¿y sus técnicas?
A. Si, me cuesta bajar. Compenso con la técnica del óleo, y lo demás es todo
laboratorio.
Utilizo, por ejemplo, tiza, gasa, toallas, todo pegado con cola y pintura
para tela, hay diferentes elementos de trabajo que voy usando.
P. ¿Cuál es su posicionamiento a la hora de pintar?
A. Para pintar hay que tener la cabeza fría, una metodología lúcida, soy
consciente de lo que hago y lo hago bien. Utilizo preferentemente las horas
de la tarde, pero retoco durante todo el día. Es un trabajo de tiempo
completo.
P. ¿Le cuesta desprenderse de sus cuadros?
A. El cuadro es un ser viviente; es como parir un hijo, me cuesta
desprenderme pero lo hago. Los hijos crecen y se divorcian de sus padres.
Con los cuadros pasa igual, los tengo por un tiempo y luego me despido.
P. ¿Pinta para usted o para comunicar a los demás también?
A. No, es para mí. La gente ve lo que quiere ver, lo que le gusta ver y
decir. El arte conceptual es muy raro en mí. Pinto para el ojo interior,
para mí. Y después se va.
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