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Alvaro Ardao nace en Montevideo,
Uruguay, el 4 de noviembre de 1960. Desde temprana edad muestra
habilidad y vocación por la pintura y el dibujo, y es alentado por sus
preceptores hacia el cultivo de dichas prácticas.
En la secundaria toma contacto con
la excepcional pintora María Freire, quien alienta al grupo a indagar
en la abstracción de la forma y el color.
En 1979 ingresa mediante concurso a
la Universidad de la República, la cual pronto abandonaría para
dedicarse de lleno a la labor plástica, inscribiéndose en el Círculo
de Bellas Artes, primera institución artística del país (1906).
Recibe una enseñanza vasta y
universal, por parte del gran pintor y docente Héctor Sgarbi –quien
fuera en su juventud discípulo de André Lhote en París, así como amigo
personal de Chaïm Soutine y Georges Rouault.
Estudia las distintas tradiciones
estéticas y sus métodos, y también los legados escritos de los
Maestros de pasado, como “El Tratado de la Pintura” de Leonardo, “El
Arte” de Rodín, “El Tratado del Paisaje” de Lhote, “Reflexiones sobre
el Arte” de Matisse, entre otros.
Culminado su aprendizaje en el
Círculo egresa con la nota de “Distinción” en su diploma.
En 1985 entra en contacto con el
Maestro Jorge Damiani, al mismo tiempo que desarrolla su primer
período de naturaleza onírica y psicológica, y, ante el carácter que
va tomando su obra, la prensa (Diario “El Día”, 10-10-87), lo anuncia
como “una promesa de hondo valor plástico”.
Más adelante despertaría a la
filosofía y arte de la China milenaria. Conoce traducciones de
diversos pintores y poetas, como Shu-da, Mi-fei, Shih-tao, Su-tung’po,
o el inefable Wang-wei, y comprende su ruta poética y plástica a la
vez.
Este espíritu indagador con abierto
deseo de universalidad –y sin desechar ninguna influencia–
terminaría volcándose con total espontaneidad hacia muy variadas
vertientes estilísticas: no-ley, espontaneidad total.
Cabe mencionar el aprendizaje en
los grandes museos de Nueva York de los senderos estéticos de los
Maestros Europeos del siglo XX; una modernidad ya vieja que él intenta
rescatar, pues la considera global, universal, encuentro de todas las
culturas y cimiento del proceso psicológico de toda inventiva, así
como también polo opuesto al arte latinoamericanista de hoy día.
De sus exposiciones cabe destacar la
gran retrospectiva de febrero del 2006, en el Museo San Fernando de
Maldonado que resume los últimos 30 años de labor del artista.
La gente de hoy se olvida que tiene
una personalidad. “Yo no soy los demás”, dijo Dogen Zenji, en el
siglo XIII.
Toda auténtica y verdadera pintura
viene del entendimiento mental.
Hoy día, Ardao reside y tiene su
taller -donde también se dedica a la docencia- en la ciudad balnearia
de Punta del Este.
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